La venda de mis ojos puede hacerme fanático; ponerme en el lugar de los demás, abrirá mi corazón... No dejes que siga sin luz, no permitas que las ideas me lleven lejos del amor a la humanidad. "SE PUEDE TRASLADAR UNA CIUDAD ENTERA, PERO UN POZO NO"

LA CONSTITUCIÓN

No son los fines particulares o egoistas de cada uno, sino las grandes metas de la humanidad las que producen una comunidad prospera entre los hombres. Cuando existe una unión basada en los grandes valores, será posible emprender grandes proyectos.

Toda sociedad humana venturosa ha de estar armónicamente estructurada para no ser una masa de individuos, sino un todo unido, con metas claras y princios elevados. Hay sociedades humanas de delincuentes, o de gentes ambiciosas y sin escrúpulos, pero en estas sociedades solo consiguen dañar a los demás, y además sus miembros nunca hallan la felicidad.

Nuestra Constitución hace tiempo fue elaborada y  planteada con ánimo para lograr la convivencia conjunta y pacífica. Desde entonces con las dificultades que hemos atravesado, se mantiene joven, actual y cumple con los principios para los que fue ideada, que no es otra en la que todos tenemos acceso a los fundamentos de nuestra unión.

Puede aparece el peligro de fraccionamiento de la unión debido a intereses particulares, personales y egoista del individuo o grupos, y si además ese egoismo prospera se crea la desunión.  La comunidad entonces se vueleve desconfiada, se recela de los demás, surgiendo los comportamientos agresivos, astutos, maliciosos. Aparecen los enfrentamientos entre los miembros y se corre el peligro de derrocar utilizando las malas artes. Cuando existen rencillas, desavenencias, rencores, la lucha solo agrava más la situación pues se radicalizan las posturas y aumenta la intensidad del conflicto.

Si no se puede luchar, los ánimos se van serenando y se puede llegar al entendimiento para encontrar soluciones que lleven a la reconciliación.

Esto mismo es lo que hemos vivido desde el viernes en nuestro país y gracias a la Constitución que a todos nos aparan, al resto de normas legítimamente establecidas, y por supuesto a todos los responsables que nos gobiernan y que hemos elegido libremente para atajar los posibles problemas, se ha podido parar a un grupo que con premeditación y alevosía, ha hecho lo que los golpistas del 23F no consigueron, que es paralizar el espacio aéreo por intereses particulares y jamás para ayudar a los millones de parados que somos, que no están en disposición de llegar a tanto y que probablemente aún pudiendo, nunca se les ocurriría ir en contra de los demás, y del país al completo.

 Anoche todos los pequeños en Europa pusieron sus zapatitos esperando un detalle que anuncia la próxima llegada del día de Navidad, porque hoy  6 de diciembre es el día de San Nicolás, Santa Klaus o Papá Noel, por cierto felicidades a todos los Nicolás y Nicolasas, aunque la mayoría de los españples confundidos demos ese nombre al día del Niño Jesús, 24 de diciembre. Hoy nuestra Constitución cumple años y felicito a todos aquellos ideólogos que la elaboraron, a los españoles que la refrendaron, a los que hacen que se cumpla y a todos aquellos que viven sin salirse de las normas.

 A todos aquellos que han intentado sacar los pies del tiesto solo puedo decir que de los errores se aprende.

Somos una comunidad fuerte, unida en la prosperidad y en las desgracias, y en la que si todos arrimamos el hombro, podremos crecer, eso si, hemos de empezar a pensar que aunque individuos pertenecemos a ese gran grupo que nos necesita tanto como nosotros necesitamos de todos.

Feliz día San Nicolás y de nuestra valiosa Constitución.

DERECHO A HUELGA

Debería estar prohibido por Ley que los trabajadores de los transpotes públicos en España puedan hacer huelagas, protestas expontáneas o reivindicar sus derechos en las épocas de mayor movimiento turístico.

Los ciudadanos no podemos dajar que seamos utilizados para hacer presión con sus demandas.

Ya está bien que los sectores más mimados de nuestro país, desde el poder que tienen, nos fastidien siempre en las mismas fechas.

Un país paralizado por gente trabajadora es inaudito. Y en una época de crisis tan grande es imperdonable.

¿Pero qué se han creido que son y somos?

Y a los médicos que firman las bajas me parece que ya va siendo hora de darles un serio toque de atención.

VAYA FIN DE SEMANA

Menudo fin de semana han debido pasar los listos y gestores de las Prepotencias intentando aclarar los dimes y diretes de la "élite" diplomática a su cargo.

Unos pisoteando países que hace pocos meses emergían de la pobreza casi absoluta con el respaldo del dinero prestado por sus vecinos, otros intentando perjudicar a muchos millones de humanos más sin que haya mediado catastrofe natural alguna.

-¿qué es eso?

- ¿te refieres a humanos?

- son animales de dos patas, es decir andan erguidos, habitan distintos territorios de un planeta que cada uno ha hecho suyo. Los ricos e inversores, los no tan ricos y especuladores muy listos todos, siguiendo las direstrices de los rumores que lanzan las cabezas pensantes, o sea, los manipuladores, en su afán de ganar mucho y cuanto antes mejor, informan de la manera más prepotente que cabe imaginar las posibilidades que tienen los endeudados de pagar los préstamos.

Y en éste absurdo, en el que a algún partido politico por no decir a todos, se les olvidó mencionar con la debida insitencia en tiempos de vacas gordas que había que devolver todo y con intereses, años ha... en que se debería haber dedicado a crear empresas y no al reparto indiscriminado...se llega a tiempos en que los remedios de unos y otros, no hacen más que dañar en vez de enmedar viejos errores y que por muy cirujanos que se sea, las heridas de siempre no es que no haya manera de cerrarlas, sino que sangran cada vez más...

No me gustaría estar en la piel de los socialistas, mucho menos de nuestro presidente el romántico, me encanta...y la derecha ¿qué creen que van a poder hacer con un país que es pobre desde hace tanto? lo puedo imaginar, después dirán que era muy complicado porque lo que encontraron era un desastre que hicieron otros.

Digo, que entre tanto tremendo trastazo, surge el notición de que a la diplomacía Estado Unidense  le salió alguna persona o personas que estaban por ver, lo grande que son en su trabajo más fino y se les ha ocurrido la manera de entrar y dejar con el culo al aire a tanta hilandera desplegada por el mundo. Mi más profundo respeto a las hilanderas.

Cindo diarios de largo alcance tienen en su poder un sinfín de cotilleos. Todos juntitos en contacto entre ellos y con los estados, por un lado con la labor de informar, por otro hasta dónde contar y por último, dejando a los responsables tiempo suficiente para disculpas, con algún costo por supuesto; tiempo para RE-interpretar la realidad y quitar todo el hierro posible al asunto.

Y ¿Por qué unos deben saberlo y no debemos saberlo todos? lo de siempre, no hay mejor manera de manipular a los demás sino es con la ignorancia.

A la única conclusión que llego, es que ni unos, ni otros hacen bien lo que deben, que somos todos unas puta alcahuetas pendientes de ir con la cara oculta en vez de llevar el rostro límpio y fresco, que da igual cuan alto se esté en la escala social del orbe mundial pues la mayoría de adultos que se encuentrar a cargo de llevar a los ciudadanos de sus países, son gentuza de poca monta que les unen un montón de hilos menos el de la verdadera amistad, preocupación por el projímo, que van con ánimo de lucro.

Una tremenda pena es lo que siento. (ya se que a todos les da lo mismo) El ser humano avanza como los caracoles, un pasito pa lante, dos pa trás

Si lleváramos todos estos asunto las mujeres que somos con creces menos puteras, más sinceras y buenas gestoras, estoy convencida que el mundo no sería igual. Eso sí, mujeres no machistas aunque les gusten los machos. Y como aquesto no lo verán mis ojos, lo único que se puede hacer es preparar desde niños, desde la más tierna infancia a que cada uno haga bien su trabajo.

Lo bien hecho bien parece y no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a tí.

Los que han salido ganando, las compañías telefónicas, bien seguro. Han debido estar las lineas ocupadísimas.

¿Será por ello que muchos nos quedamos sin accesos?

PARA PENSAR

EL DETECTOR DE MENTIRAS Cap 41

—¡Me revienta! –me quejé.

—¿Qué te revienta, Demián?

—¡Que me mientan! ¡Me revienta que me mientan!

—¿Y por qué estás tan enojado con la mentira? –preguntó Jorge, como si yo me estuviera quejando de que la lluvia es mojada...

—¿Cómo por qué? ¡Porque es horrible! Me molestan los que me engañan, los que me estafan, los que me enroscan con sus fabulaciones.

—¿Te enroscan? ¿Cómo hacen para enroscarte?

—Mienten. Eso hacen.

—Pero eso no alcanza, Demi, ellos podrían mentir de hoy hasta mañana y tú divertirte mirándolos contar sus historias...

—Pero yo me engancho, Jorge. Yo confío, yo les creo, cualquier pelotudo se acerca a inventar una gansada y yo le creo. ¡Soy un imbécil!

—¿Y por qué les crees?

—Porque... porque..., no sé por qué mierda les creo. ¡La puta que los parió! –grité—. No sé... No sé...

El gordo se quedó un rato mirándome en silencio y después agregó:

—Tú ya sabes que sería bueno no enojarse. Pero por ahora, ya que estás enojado, lo mejor debe ser dejarte enojar y hacer algo con la bronca.

Yo sabía a qué se refería el gordo.

Jorge decía que la bronca, el amor o la pena son sólo las pilas del cuerpo; que el sentimiento es la energía que antecede al movimiento; que la emoción no es nada sin la acción, que intentar desconectarlas es alienarse, perderse, descentrarse...

...Y yo estaba haciendo eso. Tratando de controlar el desborde al que el tema me empujaba..Mi terapeuta se tiró al piso, acercó un almohadón enorme y lo acomodó frente a él. Sin decir una palabra, dio algunas palmaditas sobre el almohadón invitándome a trabajar con él.

Yo conocía la tarea que Jorge me proponía. En silencio, me senté del otro lado del almohadón y empecé a golpear sobre él con los puños.

Cada vez más.

Cada vez más.

Cada vez más.

Pegué... y pegué... y pegué.

Y después grité.

Y puteé.

Y seguí pegando.

Y pegando...

Y pegando...

Hasta que me desplomé jadeando y exhausto...

El gordo me dejó recuperar el aliento y después me puso una mano en el hombro y preguntó:

—¿Mejor?

—No –dije—. Quizás más liviano, pero mejor no.

—Son criterios –dijo Jorge—, yo creo que siempre es mejor alivianar una carga...

Me apoyé en su pecho por un rato y me dejé contener.

Algunos minutos después, Jorge preguntó:

—¿Quieres contarme qué te pasó?

—No, gordo. No. El hecho anecdótico no es importante. Tengo ahora la lucidez de darme cuenta, al menos de eso. Lo que necesito es saber qué me pasa a mí con este tema. Siento que me pongo demasiado loco.

—Bueno, empecemos por algún lado. Trata de decirme sintéticamente cuál crees o sientes que es el problema.

Yo me acomodé en el piso, hice un poco de ruido con la nariz e intenté empezar:

—Lo que pasa, es que cuando yo... –el gordo no me dejó seguir.

—No, no, no. Enúncialo como si fuera un telegrama, como si decir cada palabra te costara una fortuna... dale.

Pensó un poco.

—Me molesta que me mientan –dije al fin.

Estaba satisfecho..Esta era la frase.

Cinco palabras.

Era un mensaje realmente sintético.

Miré al gordo.

...Silencio...

Decidí hacer una inversión y agregar un gasto adicional para darle más realismo.

—¡Me molesta muchísimo que me mientan! Eso.

El gordo sonrió y puso esa cara de abuelo comprensivo que ponía Jorge, y que yo interpretaba a veces como “qué tonto que eres, chico” y otras, como un enorme abrazo que decía “aquí esto” o “está todo bien”.

—¡Me molesta! –ratifiqué.

—Que te mientan –terminó Jorge.

—¡Que me mientan! –dije.

—Que TE mientan –remarcó.

—Sí. Que me mientan –yo no entendía adónde iba Jorge.

—¿De qué te reías? –le pregunté al fin.

—No me río, sonrío...

—¿Qué pasa? –pregunté—. No entiendo nada.

—Yo conozco ese lugar donde estás parado... Y no lo conozco por haberlo leído en ningún lado. Lo conozco por haber estado parado ahí gran parte de mi vida... Sonrío por simpatía, por identificación, por reconocer a otro yo mismo de otro tiempo, por encontrarlo en tu postura...

—No me sirve, gordo, no me alcanza con saber que tú pasaste por acá. No me consuela saber que ésta es la calle más transitada del planeta. ¡Hoy no me alcanza!

El gordo seguía con su cara de Buda complacido.

—Ya sé, yo sé que no te alcanza pero ¿ya te vas?

—No, ¡no me voy!

—Bueno entonces calma, quisiste saber porqué sonreía y quise contarte, eso es todo...

Jorge volvió a su sillón.

—Te molesta que te mientan.

—¡Sí!

—¿Y qué te hace pensar que te mienten?

—¿Cómo “qué me hace pensar”? Me dicen algo que descubro, antes o después, que no es verdad..—Ah, pero tú estás confundiendo decir la verdad con no mentir.

—¿Cómo? ¿No es lo mismo?

—¡Para nada!

La línea formalmente lógica de mi pensamiento se había estrellado contra una pared de granito... Mi único consuelo era pensar que si, como decía Jorge, la confusión es la puerta de entrada a la claridad, yo debía estar en los umbrales de la luz suprema porque no entendía un carajo.

—¡Claro! –empezó Jorge.

—¡Claro para ti! –intervine—. El gordo se rió con ganas. Y siguió—. Decir la verdad o no, es independiente del hecho de mentir.

Te pongo un ejemplo:

Hace muchos años, cuando apareció en el mundo el Detector de Mentiras, todos los abogados y los estudiosos de la conducta humana estaban fascinados. El aparato está basado en una serie de sensores que detectan las variaciones fisiológicas de sudoración, contracturas musculares, variaciones de pulso, temblores y movimientos oculares que se producen en un individuo cualquiera cuando miente.

En aquel entonces las experiencias con La Máquina de la Verdad, como se la llegó a llamar, proliferaban por doquier.

Un día, a un abogado se le ocurrió una exploración muy particular. Trasladó la máquina al hospital psiquiátrico de la ciudad y sentó en él a un internado: J. C. Jones. El señor Jones era un psicótico y como parte de su delirio aseguraba que él era Napoleón Bonaparte. Quizás por haber sido estudiante de historia, conocía a la perfección la vida de Napoleón y enunciaba con exactitud y en primera persona pequeños detalles de la vida del Gran Corso, en secuencia lógica y coherente.

A este señor J. C. Jones se lo sentó en el detector de mentiras y luego de una rutina de calibración, se le preguntó.

—¿Usted es Napoleón Bonaparte?

El paciente pensó un instante y después contestó.

—¡No!, ¿cómo se le ocurre? Yo soy J. C. Jones..¡Todos sonrieron, salvo el operador del detector que informó que el señor Jones MINTIÓ!

La máquina demostró que cuando el paciente dijo la verdad (que era Jones) estaba mintiendo (...¡él creía que era Napoleón!).

 

 

YO SOY PETER Cap 42

El asunto del que mentía cuando decía la verdad y su lógica contrapartida, esto es, la posibilidad de ser veraz diciendo falsedades, terminó de desacomodar algunas ideas que tenían un lugar en mi cabeza.

—Esto es terrible, Jorge –dije—. La verdad se vuelve entonces un concepto absolutamente subjetivo y por ende, relativo.

—En todo caso, después de lo hablado, lo que se desacomoda es el concepto de mentir, no el concepto de la verdad. Lo verdadero podría permanecer absoluto, aunque admitiéramos que declarar como verdaderas algunas falsedades, no es mentir. No obstante, como nuestra idea de la verdad está íntimamente relacionada con nuestro sistema de creencias, caeremos siempre en tu conclusión (con la que además, coincido por esto y por otras razones):

La verdad es relativa y subjetiva; y además, déjame agregar: cambiante y parcial.

—Es cierto –admití—, y nada cambia lo que te decía antes. Me molesta que me mientan.

Dicho de otra manera, más allá de que sea cierto o no, me molesta que me digan algo sabiendo que no es verdad.

Ni siquiera la “relativa”, “subjetiva” y “parcial” verdad de quien lo dice. Me revienta que me mientan.

—Y ¿por qué piensas que te mienten?

—¿Otra vez? –dije yo—. ¿Otra vez?

—Quiero preguntar por qué piensas que TE mienten a ti.

—¿Cómo por qué? Es a mí a quien le dicen la mentira en cuestión –dije fastidiado.

—No te enojes, yo creo que cuando alguien miente, ¡MIENTE! Es decir no TE miente, ni ME miente. ¡MIENTE!

En el mejor de los casos, se miente.

— ¡No!

—Sííí. ¿Por qué alguien miente, Demi? Piénsalo: ¿para qué?

—¡Qué sé yo! Mil motivos....—Dime uno, el de la cosa que te trajo mal a la consulta.

—Para ocultar algo que hizo mal.

—Y eso ¿para qué?

—Para que el otro no lo juzgue.

—Y ¿por qué no quiere que lo juzgue?

—Porque sabe que el otro lo condenaría.

—¿Y por qué no quiere la condena del otro?

—Porque el otro le importa.

—¿Y?

—Y... no quiere tener que pagar algún plato roto.

—Esto es: Para no hacerse responsable.

—Claro.

—Bien, digamos que este es el móvil del 99% de las mentiras.

—Supongo que sí.

—Bien, y ¿cómo sabe el mentiroso que resultaría responsable? ¿quién determinó su responsabilidad?

—¡Nadie! ¡Bah! El mismo.

—Eso es. El mismo.

—¿Y?

—¿No te das cuenta? El mentiroso no es alguien que teme el resultado del juicio de otro; ni la condena en ese juicio. El mentiroso ya se juzgó y ya se condenó. ¿Entiendes? El asunto ya fue juzgado. El mentiroso se esconde de su propio juicio, de su propia condena y de su propia responsabilidad. Como te dije: el problema no es del otro, es del que miente.

Yo estaba congelado. Todo esto era cierto, lo sabía de mi observación del afuera y de mi observación del adentro, yo mentía cuando ya me había juzgado y condenado.

—¡Pero es cierto que me miente!

—Tan cierto como era cierto cuando mi mamá decía de mi hermano Cacho: “¡No me come nada!”... Mi hermano no LE comía la carne ni LE tomaba la sopita de chuño, ni LE quería probar “el flancito que alimenta tanto...”

—No, no es lo mismo. Cuando alguien me miente, ME lo dice a mí.

—No, Demián, acepto que creas que tú eres el centro de TU mundo (de hecho lo eres), pero NO eres el centro de EL mundo..Él miente, no TE miente. Lo hace porque él decide hacerlo, porque le conviene o porque se le dio la gana.

Ese es SU privilegio. Decir que TE miente, te lleva a crear un delirio autorreferencial donde algo que en realidad es un problema de él, te lo hace a ti. ¡No jodas!

—¿Pero es un problema de él?

—Cuando la mentira es para evadir una responsabilidad, es el equivalente de un síntoma. ¿Cuántas veces hemos visto juntos que, en última instancia, la neurosis no es más que una manera de no ser adultos? ¿De escapar a la responsabilidad que implica crecer?

—No sé. Tengo que pensarlo. En la vida de todos los días, el mentiroso es el que se beneficia, no el que se jode.

—Aun cuando eso fuera cierto, la justicia no tiene nada que ver con la salud. Además, todo depende de lo que tú creas que es beneficiarse.

—Conseguir que las cosas sean de una determinada forma y no de otra menos deseada, es beneficiarse.

—Conseguir que las cosas sean de una determinada forma por una mentira es difícil. Creo que, cuanto mucho, una mentira puede conseguir que las cosas sucedan por un rato, de una manera más deseada por el que miente (aunque internamente él sepa que esta forma es falsa, ficticia, cartón pintado, apoyado en su mentira).

—No mentimos para eso, o no nos damos cuenta. Me parece que yo, en todo caso, cuando miento busco control sobre la situación.

—Es decir: Poder...

—Y, sí, de alguna manera Poder. Yo soy el que siempre supo la verdad. Yo te hice actuar. Yo te engañé. Yo te estafé. Yo te cagué... Un poder jodido, pero poder al fin.

—¿Te cuento un cuento?

Hacía mucho que Jorge no me contaba un cuento.

—¡Dale!

—Bueno, casi un cuentito.

Era un barsucho de mala muerte, en uno de los barrios más turbios de la ciudad..El ambiente sórdido parecía extraído de una novela policial de la serie negra.

Un pianista borracho y ojeroso golpeaba un blues aburrido, en un rincón que apenas se divisaba entre la poca luz y el humo de cigarrillos apestosos.

De repente, la puerta se abrió de una patada. El pianista cesó de tocar y todas las miradas se dirigieron a la puerta.

Era una especie de gigante lleno de músculos que se escapaban de su remera, con tatuajes en sus brazos de herrero.

Una terrible cicatriz en la mejilla le daba aun más fiereza a su cara de expresión terrible.

Con una voz que helaba la sangre, gritó:

—¿Quién es Peter?

Un silencio denso y terrorífico se instaló en el bar. El gigante avanzó dos pasos y agarró una silla y la arrojó contra un espejo.

—¿Quién es Peter? –volvió a preguntar.

De una mesa lateral, un pequeño hombrecito de anteojos corrió su silla, sin hacer ruido caminó hacia el gigantón; con voz casi inaudible, susurró:

—Yo... yo soy Peter.

—Ah, tú eres Peter, yo soy Jack, ¡hijo de puta!

Con una sola mano lo levantó en el aire y lo arrojó contra un espejo. Lo levantó y le pegó dos cachetadas que parecía que le arrancarían la cabeza. Después le aplastó los anteojos. Le destrozó la ropa y por último, lo tiró al piso y le saltó sobre el estómago.

Un pequeño hilo de sangre empezó a brotar de la comisura de la boca del hombrecito, que quedó tirado en el piso semiinconsciente.

El gigantón se acercó a la puerta de salida y antes de irse, dijo:

—¡Nadie se burla de mí, nadie! –y se fue.

Apenas la puerta se cerró, dos o tres hombres se acercaron levantar a la víctima de la golpiza. Lo sentaron y le acercaron un whisky.

El hombrecito se limpió la sangre de la boca y empezó a reírse. Primero suavemente y después, a carcajadas.

La gente lo miró sorprendida..¿Los golpes lo habían dejado loco?

—Ustedes no entienden –dijo, y siguió riéndose— yo sí me burlé de ese idiota...

Los otros no podían evitar la curiosidad y lo llenaron de preguntas:

¿Cuándo?

¿Cómo?

¿Con una mina?

¿Por guita?

¿Qué le hiciste?

¿Lo mandaste preso?

El hombrecito siguió riendo.

—No, no. ¡Yo me burlé de ese estúpido ahora, delante de todos. Porque yo... ja, ja, ja... yo...

...¡Yo no soy Peter!

Me fui del consultorio riéndome a carcajadas. Tenía la imagen del maltrecho hombrecito creyendo que cagó al grandote.

A medida que caminaba algunas cuadras, la risa se me fue pasando y me inundó una extraña sensación de autocompasión...

EL PLANTADOR DE DÁTILES Cap 48

—Mira, todo lo que tú enseñas parece muy cierto y por supuesto me encantaría pensar que es posible vivir así... Sin embargo, la verdad es que creo que tu modelo de vida no es más que un hermoso planteo teórico, inaplicable a la realidad cotidiana.

—No creo...

—¡Claro! Tú no crees porque para ti debe ser más fácil que para los demás. Tú creaste una forma de vivir a tu alrededor y entonces ahora es sencillo, pero yo y casi todos, vivimos en un mundo común y normal. Nosotros jamás llegaríamos a hacer todo lo que hace falta hacer, para llegar a disfrutarlo.

—La verdad, Demián, es que yo vengo de ese mismo mundo real del que vienes tú, que yo habito este mismo planeta cotidiano que habitamos todos y que convivo con la misma gente común y normal que tú conoces... Admito que vivo un poco mejor que la mayoría de las personas que conozco, pero te quiero dejar en claro dos cosas: la primera es que el costo no fue pequeño.

Construir este “entorno” como lo llamas tú, demandó mucha energía y dedicación, mucho dolor y sobre todo muchas pérdidas. La segunda es que esto fue un proceso, quiero decir que cambiar lo que había para cambiar, conseguir que no se desmorone lo que había que preservar y recorrer los caminos que había que explorar, demandó un tiempo. No fue algo que pasó solo, ni que sucedió de un día para otro...

—Me imagino. ¡Pero por lo menos, sabías que al final estaba el premio que hoy y gozas!

—No es así. Y ese es otro de los prejuicios con que tú cuentas para tu análisis. Yo nunca tuve la garantía de ningún premio.

Más bien, te diría que todo el camino que llevo recorrido hasta aquí, no es más que una apuesta a un resultado que en realidad tampoco llegó todavía.

—¿Cómo que no llegó?

—Todavía me queda mucho por hacer, Demián... Es más, no creo que yo consiga en toda mi vida, aunque la imagine larguísima, llegar a disfrutar de la plenitud total, disfrutar de la completa falta de expectativas, disfrutar de la actitud mental de aceptación plena de los hechos...

—¿Tú me estás diciendo que estás tomándote todo este trabajo, pensando que posiblemente nunca llegues a disfrutarlo a pleno?

—Sí.

—Estás loco.

—Es verdad, pero para tu beneficio soy un loco que cuenta cuentos y que ahora está por contarte uno.

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Elihau de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.

Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Elihau transpirando, mientras parecía cavar en la arena.

—¿Qué tal anciano? La paz sea contigo.

—Contigo –contestó Elihau sin dejar su tarea.

—¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?

—Siembro –contestó el viejo.

—¿Qué siembras aquí, Elihau?

—Dátiles –respondió Elihau mientras señalaba a su alrededor el palmar.

—¡Dátiles! –repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez comprensivamente—. El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.

—No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos...

—Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?

—No sé... sesenta, setenta, ochenta, no sé... lo he olvidado... pero eso ¿qué importa?

—Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años de crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.

—Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar estos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto... y aunque sólo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.

—Me has dado una gran lección, Elihau, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste –y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.

—Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto, y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.

—Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera. Déjame pues que pague también esta lección con otra bolsa de monedas.

—Y a veces pasa esto –siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas—: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseché no sólo una, sino dos veces.

—Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte...

—¿Entiendes, Demián? –me preguntó el gordo.

—Más que eso: ¡me doy cuenta! –contesté yo...

Cuentos Para Demian de J. Bucay

LOS HOMBRES

y las mujeres nos llevamos como los perros y los gatos porque tenemos el lenguaje cambiado.

A nosotras la edad de impresionar a los chicos se nos pasa entre los 17 y 19 años, mientras que a los hombres nunca se les pasa del todo. Deben pensar que tienen que añadir destrezas, que en ocasiones ni siquiera dominan, con el fin último de que sus actos nos dejen anonadadas para que los admiremos, eso creo.

¿Qué mujer que conozca a un amante de los motores no ha pasado un miedo atroz mientras el brabito demostraba su habilidad? por poner un ejemplo.

Todavía no han comprendido, y dado que sobre los 14 añitos la sociedad los empuja a hacer caso omiso de las enseñanzas maternales, en el supuesto caso que las hubiera, que lo que nos gusta es que nos cuiden sin que nos hagan sentir inútiles, que nos mimen sin agobiarnos, que no nos obliguen, que dejen expresar las ideas en su totalidad por descabelladas que puedan paracer, sin ser interrumpidas y por supuesto que sean sinceros por más dolorosa que pueda ser la verdad; pues nada, que no hay manera.

Dirán muchos que nosotras tampoco lo somos. Recuerdo en éste momento a Isabel, estupenda gitana nacida a principios del siglo pasado y que enseñó a mi madre a cocinar la comida al gusto español, que solía decir: "Ceñorita, el hombre ha de comer de todo pero no ha de saber de todo" y que gran verdad.

Una cosa es no decir toda la verdad y otra muy distinta es mentir deliberadamente, creando discursos sobre la honestidad con elocuente lenguaje, ademanes, teatro...

Hace poco oí decir a un amigo, hombre por supuesto, que no nos podíamos imaginar la cantidad de hombres mentirosos compulsivos que existen y que aún sabiendo todos que mienten, siguen en sus trece, disertando, hablando, contando...

Mires por donde mires, creo que a los hombres les queda un largo camino por recorrer.

Lo misterioso del asunto es que les da exactamente igual y llegada la hora del descanso, se duermen como marmotas con la conciencia bien tranquila.

Sinceramente creo que:

Si hechos y palabras no están en consonancia, las palabras no tendrán efecto ni valor.

Los valores más importantes en la vida son la lealtad y el desinterés, y por supuesto, las reglas hay que aplicarlas primero a uno mismo y después a los demás.

Exceptuando eso que saben hacer mejor que nosotras que es orinar de pie, no nos llegan ni a la suela de los zapatos.   

Disculpen los caballeros.        

PD: Estoy de limpiar comentarios span hasta las mismisimas lolas.

 

 

 

FILOSOFÍA DEL AMOR

Desde hace mucho tiempo intento entender los comportamientos humanos, esos que a todos nos dan alegría o tristeza indistintamente de que se pertenezca a un país u otro, a una religión o a ninguna, a un estatus social alto o bajo. Uno de esos asuntos universales es el amor.

Cuándo pregunto a las personas acerca del amor, encuentras respuestas más o menos convincentes pero que no acaban de llegar a ser completas para mí.

¿Por qué creemos que es tan importante el amor? Y la mayoría responden por la necesidad de amar y ser amados.

Y esa necesidad es ¿innata o adquirida?

Creo que son necesarias las relaciones sexuales, el que te mimen o te amen o ser el centro de atención de una persona, es una necesidad adquirida tras el paso de haber estado viviendo en una sociedad que nos inculca ideas.

Es verdad que queremos a las persona y a unas mucho más que a otras, lo que no es verdad es que no podamos vivir sin aquellas a las que hemos decidido, y por más o menos afinidades y/o diferencias, hemos decidido elegir como nuestro objeto de adoración.

¿Por qué he de hundirme si soy rechazada, si prefieren a otra persona?

No

¿He de dejar de amar a quién no me quiso?

Allá cada cual.

¿se puede hacer algo así?

Si

Aunque hay respuestas de todo tipo y para todos los gustos, querer a las personas no es una obligación.

He encontrado un documento bastante interesante.

 

 

http://www.monografias.com/trabajos16/filosofia-del-amor/filosofia-del-amor.shtml

 

RESPONSABILIDAD

Día gris y lluvioso que limpia la atmosfera de impurezas. Agua que cala en los campos, pudre la materia muerta y los prepara para que broten nuevas semillas.

A veces, me degustaría ser como el agua limpiando las mentes y calando hondo en las almas aunque sin ninguna arrogancia.

La naturaleza nos hizo como somos, animales sexuados con distintas apetencias; así llegamos al mundo hace ya miles de años.

Inventamos un lenguaje que definiera esos comportamientos: heterosexuados, homosexuados o bisexuados, y además, la propaganda de distintas asociaciones de humanos, desde hace siglos, se dedicaron a decidir que postura era o no “normal”.

El sufrimiento que se ha provocado a miles de personas ha debido ser inmenso, a todas aquellas gentes que al llegar a la pubertad descubren que no están dentro de los cánones establecidos por la sociedad. Eran niños y niñas sufriendo por no poder vivir según la naturaleza los había preparado.

¿Quién era el guapo o guapa capaz de decir a sus padres, familia, amigos o sociedad lo que ocurría? No todos los que son.

Hemos sido capaces de reírnos de nuestros semejantes, de todo aquel hombre afeminado o mujer masculinizada sin ser ellos responsables de las funciones del cuerpo en el que habitan. Otra suerte distinta ha tenido los que en nada se apreciaba sus necesidades. Los hemos insultado, apartado y creado un mundo hipócrita, hasta el punto de que muchos decidieron refugiarse en congregaciones religiosas.

Cada uno tomó una decisión, los que decidieron hacer público cuál era su naturaleza, los que decidieron guardarlo para ellos, los que se han sacrificado durante toda su vida, etc…nada fácil, nada.

Ahora bien, también y por desgracia están y existen muchos que han traspasado una línea que jamás deberían haber cruzado, los depredadores de la inocencia. Padres que se convierten en amantes de sus propios hijos, maestros que enseñan la depravación de sus conductas, todos aquellos que no frenan sus deseos y los practican a la fuerza con nuestros pequeños y pequeñas. Y digo nuestros, porque es responsabilidad de todos los adultos que los más pequeños que tengamos cerca, hijos, alumnos, vecinos de nuestros barrios estén lejos de ser alcanzados por semejantes miserables humanos.

 

 ...Pero el que escandalizare a un de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino de asno y lo hundieran en el fondo del mar...Mateo (18,6)