La venda de mis ojos puede hacerme fanático; ponerme en el lugar de los demás, abrirá mi corazón... No dejes que siga sin luz, no permitas que las ideas me lleven lejos del amor a la humanidad. "SE PUEDE TRASLADAR UNA CIUDAD ENTERA, PERO UN POZO NO"

LA ENVIDIA

Extractos de “La Envidia” de Víctor Montoya.

Extraído de http://www.losnoveles.net/palabra2htm

 

La envidia es ese mecanismo psicológico que no permite que nadie tenga ni sea mejor que uno.

"¿Por qué él y no yo?", se pregunta el envidioso que no acepta el triunfo ajeno, sobre todo, cuando sabe que la persona envidiada es alguien que un día no tuvo nada y que otro día llega a tener todo, como ocurre en el cuento de La Cenicienta o El Patito feo. No hay nada más envidiable en la vida que la suerte de quien posee el juguete que uno mismo quisiera tener. De modo que en esta competencia abierta, en la que uno ambiciona ser y tener lo que es y tiene el otro, es casi natural que el envidioso busque por todos los medios la caída de su rival, impulsado por esa creencia innata de que nadie es tan capaz y perfecto como uno mismo.

En la envidia todo vale: la ley de la selva y el sálvese quien pueda.

Los envidiosos, para procurar la caída de su rival: difaman, insultan, acusan y, lo que es peor, cuando ya no les queda más argumentos para hablar en contra, transforman la mentira en verdad y la verdad la convierten en basura, pues los envidiosos suelen ser  como las serpientes venenosas y las navajas de doble filo.

Por eso mi abuela, una señora entendida en el vasto tema de la envidia, advertía sin cesar: “Cuídate de los envidiosos, que esos te dan un beso de Judas en la mejilla y te clavan el cuchillo de la traición por la espalda. Además, si la envidia fuera tiña, cuánto tiñoso habría”

Con ella aprendí que la envidia es el pecado capital del individuo y la hermana melliza de la hipocresía,

Aprendí también que la envidia es una sensación que afecta más a los frustrados que a quienes son envidiados por su belleza, inteligencia, triunfo profesional, fama o fortuna.

Y, sin embargo, nunca concebí cómo el ser humano puede gozar con la desgracia ajena y entristecerse con la felicidad del prójimo.

Los envidiosos en potencia, que viven "a Dios rogando y con el mazo dando", tienen un denominador común:

·       Suelen ejercitar la maledicencia y el gusto por encontrarle defectos al sujeto en cuestión, con el fin de exaltar sus debilidades y menoscabar sus virtudes.

 

Un contexto en el que los más grandes personajes de la historia se sintieron alguna vez envidiados o envidiosos.

En el arte, la cultura, la política y, por supuesto, en el periodismo, abundan quienes conspiran a espaldas de quienes ejercen la misma profesión; no en vano reza el dicho: "Tu colega es tu peor enemigo", debido a que la rivalidad del colega se manifiesta no sólo en el celo y el odio,  sino también en la traición y el crimen.

No obstante, en ningún otro oficio la envidia es tan evidente como en el arte y la política, donde el amigo de mayor confianza puede trocarse en el enemigo más irreconciliable, o como apunta Elena Ochoa:

"Cuando alguien como nosotros logra con éxito lo que habíamos depositado en el baúl de los sueños, cuando otro consigue aquello a lo que habíamos renunciado, nuestro ego a veces no puede soportarlo, sobre todo si ese alguien, ese otro, está cerca en el tiempo, en el espacio, en edad, en reputación, en nacimiento”

Es decir, si es el hermano, el vecino, el amigo, el colega, el conocido.
Porque no es el coche, la casa, el traje o el éxito profesional lo que está verdaderamente en juego, sino yo mismo, lo que yo valgo, lo que soy capaz de hacer.

El objetivo o la cosa conseguida, sólo ha puesto de manifiesto una diferencia insoportable, inesperada.

Ha demostrado que ese sueño para mí prohibido es posible para el otro.

El envidioso está acostumbrado a:

·       meter cizaña entre los amigos y parientes con el propósito de lograr sus objetivos a base de engatusar y confabular mentiras.

Es un ser peligroso que puede convertir una cofradía en un nido de ratas y serpientes. ¡Ojo!, el envidioso se disfraza casi siempre de amigo, como el lobo de oveja, para causar un daño en el momento menos esperado, pues es un ser astuto que, aun siendo un pobre diablo, se ufana de tener más sapiencia y experiencia.

De ahí que cuando se aparece un envidioso, lo mejor es avanzar con los oídos tapados y los ojos bien abiertos, para no escuchar los falsos cantos de sirena ni caer en las trampas que va dejando a su paso.

La envidia no perdona a quien se trepa a la cúspide de la pirámide o levanta un vuelo por encima del resto. La envidia es un arma poderosa que puede herir o agredir.

 

SOBRESALIR versus ENVIDIA

Extractos del libro “El arte de las Relaciones Personales” Miguel Silveira

 

Dependiendo del ambiente en el que usted caiga, sus éxitos pueden proporcionarle un gran respeto social o pueden ser su tumba si acaso alimenta la envidia destructora de algunos que le conocen.

Cuanto mayor sea la diferencia y el agravio entre quien sobresale (y los otros), mayor será la posibilidad de que uno sea envidiado de manera no sana y de que por tanto traten de hacerle daño.

Pero deben cumplirse otros dos requisitos para que se sucumba víctima de esta emoción tan negativa.

·       Han de verla más débil, más sensible que ellos, más cándido y menos hábil y (además)

·       sentir que se arruga cuando tratan de herirle con sus mordaces comentarios, sus rechazos y sus hostigamientos con sus presiones y desaires.

La envidia hace adeptos.

 

LA ENVIDIA

Extractos de “La Dimensión Intermedia” Mercedes Salisachs

 

"La cuestión es desprestigiar (me), convencerse a sí mismo (&hellip que la razón está de su parte.
Ni siquiera toma en consideración el daño que la mentira (&hellip está causando a su autoestima (&hellip

Pero (&hellip las heridas (...) le traen al fresco.
Lo único que le importa, de verdad, es desprestigiarme, cambiar la imagen siempre positiva que (los otros) han mantenido sobre mi forma de ser.

Es el único modo capacitado para ventilar (...) esos rencores secretos que de vez en cuando le atosigan.

Por eso (...) no cesa de airear falsedades que machacan mi imagen. Incluso procura ridiculizarme (&hellip

Y escupe su embuste como si pudiera escupir una flema (&hellip

Y cuánto más me difaman, más se agudiza la sensación de que mi modo de actuar lejos de haber servido para favorecer (...) sólo ha sido una trampa inmunda para conseguir apoderarme de todo lo que le pertenecía (&hellip

Así, fue creándose entre ellos el ambiente que me ha ido convirtiendo (falsamente) en un (ser) arrogante, despreciable y cargado de vanidad; mientras (ellos) se arrogaba(n) el victimismo de mis supuestos egoísmo.

A veces los celos son capaces de inmunizar los sentimientos más arraigados, y por supuesto convertir los posibles remordimientos en vindicaciones.

Por eso ya no se siente culpable, al contrario (&hellip

Y comprendo claramente hasta que punto el odio acumulado, cuando se ve acosado por el rencor y la impotencia, puede falsear el cariño y ser capaz de generar envidia.

Y hasta que punto la envidia puede admitir el odio como un hecho normal.

"A menudo los favores se convierten en rechazos peligrosos para los humanos. De repente caemos en el error de transformarnos de protegidos en protectores”

"Para mayor abundancia surgió la barrera del agradecimiento.

Con frecuencia los agradecimientos suelen crear repudios y sensaciones adversas”

“Nada menos recomendable para mantener una que estar en deuda con un amigo”.

“El hecho de deber algo a quién nunca se podrá saldar la deuda, crea mugre moral, despechos, malestares metafísicos y un empeño desesperado de borrar como sea la parte noble del acreedor”.